Cooperación regional contra la delincuencia
El fiscal nacional, Ángel Valencia, entregó un fuerte respaldo a la Cumbre Internacional contra el Crimen Organizado Transnacional, instancia convocada por el gobierno del Presidente José Antonio Kast. El encuentro, desarrollado este jueves en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, buscó articular una estrategia común frente al avance delictivo que afecta a diversos países de la región.
A la cita asistieron delegaciones de Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú, representadas por sus respectivos cancilleres y autoridades de las carteras de Interior y Seguridad. Por parte de Chile, además del jefe de Estado, participaron los ministros Martín Arrau (Seguridad) y Francisco Pérez Mackenna (Cancillería), quienes acompañaron al fiscal Valencia en la mesa de trabajo.
Un fenómeno transnacional y complejo
En declaraciones a Tele13 Radio este viernes, Valencia enfatizó que la relevancia de este hito radica en que los países sudamericanos enfrentan problemas “similares”. Según el persecutor, el temor de los ciudadanos ante las balaceras y la inseguridad en los barrios no es un hecho aislado, sino parte de un fenómeno regional que requiere soluciones unificadas.
“Aquí no tenemos una banda que se dedica a la actividad, la desbarataste y se te acabó el problema. Acá tienes unas estructuras criminales que tratan de quedarse, de crecer y desarrollar estas actividades ilícitas para enriquecerse”, sostuvo el fiscal. Explicó que actualmente el delito es dirigido desde el extranjero: el secuestro en Chile es autorizado por sujetos fuera de nuestras fronteras, el dinero es blanqueado mediante criptoactivos enviados a otros países y el armamento llega desde el exterior.
La advertencia del fiscal
Ante la sofisticación de estas organizaciones, Valencia fue tajante al señalar que la única salida es la colaboración coordinada. “O enfrentamos el problema en conjunto o nos vamos al despeñadero”, sentenció. El fiscal nacional calificó el acuerdo alcanzado durante la cumbre como una medida que “apunta en la dirección correcta”, instando a que los esfuerzos de cooperación trasciendan lo anecdótico y se conviertan en una estrategia permanente para combatir la criminalidad organizada.