Made in Europe: la UE busca limitar la inversión extranjera

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La Unión Europea (UE) ha puesto sobre la mesa una propuesta que cambiaría las reglas del juego para las empresas extranjeras. Los ministros de Industria de los 27 Estados miembros debatieron este jueves la Ley de Aceleración Industrial, presentada por la Comisión Europea en marzo, que busca imponer una preferencia europea en licitaciones públicas y ayudas estatales para sectores estratégicos como el acero, aluminio, automoción, cemento y tecnologías limpias.

¿Qué implica el sello Made in Europe para inversores externos?

La normativa contempla exigir transferencia de tecnología, contratación local y mayor participación de empresas comunitarias a los inversores extranjeros. Esta estrategia apunta directamente al impacto de compañías chinas, a quienes Bruselas atribuye el declive industrial europeo mediante lo que consideran competencia desleal. El vicepresidente comunitario, Stéphane Séjourné, enfatizó la urgencia: mientras la industria china creció del 6% al 30% de la cuota mundial desde el año 2000, la europea cayó del 21% al 14%, con un déficit comercial diario de 1.000 millones de euros con el país asiático.

Las posturas dentro del bloque están divididas. Francia e Italia lideran el ala más proteccionista. El ministro francés, Sébastien Martin, fue tajante:

Hecho en Europa debería significar hecho en la UE, no abrirlo a absolutamente todo el mundo. Para ser un mercado abierto, tiene que haber herramientas que hagan que todos respetemos las mismas reglas.

La encrucijada entre proteccionismo y mercado abierto

Por otro lado, economías como España, Alemania y Países Bajos advierten sobre los riesgos de cerrar la puerta demasiado rápido. La ministra neerlandesa, Stientje van Veldhoven, señaló que aunque la resiliencia es vital, la diversidad de suministro es clave:

Contenido europeo, sí, pero con cuidado (…). No podemos incluir a todo el mundo, pero tenemos que reconocer que la diversidad de suministro es parte de la resiliencia y competitividad.

El secretario de Estado de Industria español, Jordi García, coincidió en la necesidad de no asfixiar la inversión extranjera, la cual debe seguir aportando empleo cualificado y conocimiento. A su vez, el ministro danés Morten Bodskov recordó que la ley debe ser aplicada con cautela para no generar represalias internacionales, citando los recelos ya manifestados por el Reino Unido y Pekín.

Desafíos internos: energía y carbono

La propuesta enfrenta críticas adicionales desde el Este y sectores más pequeños. Países como Polonia, Rumanía, República Checa y Eslovaquia cuestionan los requisitos de bajas emisiones de carbono. El polaco Michal Baranowski argumentó que, si se vincula el sello ‘europeo’ estrictamente a criterios de descarbonización, se castigará a naciones con un mix energético específico, generando una competencia desleal entre los propios socios comunitarios.

A pesar de las tensiones, la Comisión Europea estima que actualmente solo unos 40 países podrían cumplir con los requisitos para ser considerados aptos en este nuevo esquema de colaboración. La gran interrogante que queda abierta es si la Unión Europea logrará equilibrar la defensa de su industria con la apertura comercial necesaria para evitar el aislamiento global.

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