Un caso de adopción ilegal en 1990 ha sacudido a la opinión pública, revelando la dramática historia de Kyle Adler, un estadounidense de 36 años nacido en Coronel. Tras décadas de incertidumbre, el hombre logró reencontrarse en febrero pasado con su madre biológica, Ana María Navarrete, gracias a una investigación que expuso irregularidades en el sistema de adopciones chileno de la época.
Según un reportaje de Associated Press, el origen de esta tragedia se remonta a cuando Ana María, entonces de 19 años, trabajaba en una pescadería local. Ella había bautizado a su hijo como Marcos Antonio Navarrete. Tras dejar al bebé bajo el cuidado de una conocida, le informaron que una familia de Estados Unidos se lo había llevado, supuestamente bajo gestiones de un sacerdote de la zona.
La red detrás de las adopciones ilegales
Un investigador policial confirmó a Navarrete que su hijo fue víctima de una red de adopciones fraudulentas. El esquema involucraba a agencias, funcionarios de inmigración, jueces, enfermeras y médicos. “Y se lo llevaron y ella lo entregó. Fueron años muy difíciles para mí”, relató Ana María, quien debido a su precaria situación económica en aquel entonces, se vio forzada a abandonar cualquier intento de recuperación.
El menor creció en Chicago bajo el cuidado de Mike y Connie Adler, sus padres adoptivos que fallecieron en 2022. El protagonista reconoce que el matrimonio se oponía a que buscara sus raíces biológicas. El proceso de búsqueda inició formalmente en 2017, cuando Kyle contactó a Constanza del Río, directora de la organización Nos Buscamos.
El reencuentro y la búsqueda de justicia
Tras una exhaustiva investigación y pruebas de ADN que ratificaron el parentesco, ambos se vieron cara a cara el pasado 14 de febrero. Compartieron una semana en Coronel donde Kyle pudo conocer el entorno de sus orígenes.
“Mis padres no me robaron; no me pusieron Kyle por maldad. Me vieron como quien querían que yo llegara a ser, y hubo mucho amor en eso. Mi mamá biológica sólo ha querido que yo esté vivo”
, expresó Adler.
Por su parte, Ana María Navarrete vive el reencuentro con sentimientos encontrados: “Feliz de haberlo conocido, de estar una semana con él, ya mi sueño se me cumplió. Me demoré tanto en buscarlo para estar una semana con él y después no verlo más. Entonces yo como que sigo igual, con pena, porque lo encontré, pero a la vez lo perdí igual”. La mujer enfatizó la falta de justicia para los sectores vulnerables en el país y su profunda frustración ante el sistema.
Actualmente, ambos mantienen la esperanza de reunirse nuevamente durante las celebraciones de fin de año en diciembre. Mientras tanto, el caso sigue siendo un recordatorio de las miles de adopciones irregulares que afectaron a familias chilenas durante el siglo pasado, dejando interrogantes sobre posibles reparaciones y el alcance de las responsabilidades judiciales en estas redes criminales.