Poliéster: ¿Es realmente tan dañino o el problema es el sobreconsumo?

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En plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, se ha instalado la tendencia de erradicar el poliéster del armario. La recomendación de numerosos creadores de contenido es reemplazar esta fibra sintética por opciones naturales como el algodón, la seda, el lino o la lana, argumentando que al provenir del petróleo, el poliéster contamina con microplásticos y daña el medioambiente.

Sin embargo, especialistas en química, sostenibilidad y textiles señalan que esta narrativa simplifica en exceso una realidad industrial mucho más intrincada. No existe, hasta la fecha, una fibra textil que sea totalmente inocua para el planeta.

La realidad detrás de la fibra más usada

El poliéster es una fibra plástica que se fabrica a partir de PET, el mismo material que compone muchas botellas desechables. Su proceso consiste en derretir el polímero para crear hilos que imitan diversas texturas. Según Meagan Phipps, académica de la Rhode Island School of Design, su éxito radica en su resistencia, bajo costo y capacidad para no arrugarse o repeler manchas.

En 2024, la industria textil produjo cerca de 77 millones de toneladas de esta fibra. Su omnipresencia no es casual: es el motor de la fast fashion, permitiendo producciones masivas y económicas que encajan con la cultura del sobreconsumo donde las prendas se descartan tras pocos usos.

El poliéster puede fabricarse de forma barata y rápida en enormes cantidades, razón por la cual se transformó en la tela preferida de la industria de la moda rápida. —Melis Duyar, química de la Universidad de Surrey.

El impacto ambiental es crítico: se estima que el 66% de los desechos textiles terminan en vertederos. Debido a su composición, una prenda de poliéster puede demorar hasta 300 años en degradarse, emitiendo gases de efecto invernadero durante el proceso.

¿Es el algodón la solución definitiva?

La idea de que lo natural es siempre sostenible es un mito según los expertos. El algodón convencional, que ocupa el segundo lugar en volumen de producción mundial, conlleva un costo ambiental altísimo. Su cultivo requiere cantidades industriales de agua y pesticidas.

Meagan Phipps advierte que la fabricación de un solo par de jeans puede consumir entre 3.000 y 10.000 litros de agua, volumen que bastaría para satisfacer las necesidades de una persona durante una década. Además, muchas variedades actuales han sido modificadas genéticamente para ser más blancas o resistentes, perdiendo su carácter orgánico original.

El debate por los microplásticos

El lavado de fibras sintéticas libera partículas plásticas al agua. La experta Fay Couceiro, de la Universidad de Portsmouth, sostiene que la exposición humana a los microplásticos es prácticamente inevitable hoy, habiéndose detectado presencia de estos en peces, sangre, hígado e incluso el cerebro humano.

Pese a esto, la ciencia aún no confirma daños concretos a la salud humana. Si bien algunos estudios sugieren vínculos con problemas cardiovasculares, organismos como la FDA aclaran que no hay evidencia definitiva sobre riesgos directos. Las alarmas en redes sociales sobre cáncer o infertilidad carecen, por ahora, de sustento científico sólido.

Ante este panorama, la recomendación de los expertos es clara: la prioridad debe ser el consumo consciente. Reducir las compras, optar por prendas de segunda mano, realizar reparaciones y extender la vida útil de lo que ya tenemos posee un impacto positivo muy superior al simple reemplazo de materiales, especialmente considerando que las fibras naturales premium suelen ser inaccesibles para gran parte de la población.

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