Un caso de alta gravedad ha conmocionado a la comunidad escolar de Puerto Montt, en la región de Los Lagos. Menores de entre 13 y 15 años, alumnos del Colegio Alerce, habrían diseñado un plan delictual que incluía atentar contra su profesora jefe, secuestrar a los hijos del director del establecimiento y finalmente incendiar el recinto educacional.
Lo que inicialmente pareció un plan aislado, tomó un nuevo cariz tras revelarse que, solo una semana antes de que se conocieran estos chats de WhatsApp, los mismos adolescentes habían sido detenidos por Carabineros. El motivo fue un altercado previo al interior del establecimiento, donde los jóvenes rociaron gas pimienta en diversos pasillos del colegio, provocando la intervención policial inmediata.
Fallos en los protocolos escolares
Según declaraciones de Héctor Vargas, presidente del Colegio de Profesores en la comuna, la falta de gestión administrativa fue un factor determinante en la escalada de violencia. Aunque el incidente del gas pimienta fue denunciado, la inspectora general y anterior directora del establecimiento no habría activado los protocolos de actuación correspondientes tras la detención de los menores.
Llegó Carabineros, se los llevaron detenidos. Pero nos preocupa porque la inspectora general y antes directora del establecimiento no aplicó los protocolos.
Para el gremio docente, esta omisión institucional pudo haber actuado como el detonante que motivó a los estudiantes a escalar desde el uso de gas pimienta hacia la planificación de actos delictuales más complejos y violentos contra funcionarios y la infraestructura del centro educativo.
¿Qué ocurrirá con los involucrados?
La situación ha sido calificada como un hecho «insólito» por parte de los representantes del profesorado en la zona. Actualmente, el caso se mantiene bajo investigación para determinar las responsabilidades legales de los menores, mientras la comunidad educativa de Alerce debate sobre la eficacia de las medidas disciplinarias y de seguridad aplicadas hasta la fecha. La pregunta que queda abierta es si la implementación rigurosa de protocolos escolares podría haber evitado que estos adolescentes avanzaran en la planificación de ataques más graves.