Corrupción en Santiago 1: El oscuro expediente de Operación Apocalipsis

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El sistema de corrupción dentro del penal

La Operación Apocalipsis, que resultó en la prisión preventiva de 42 gendarmes y 20 civiles el pasado 30 de diciembre, ha dejado al descubierto un complejo esquema de corrupción que operaba desde el interior del penal Santiago 1. La investigación liderada por el fiscal Marcos Pastén reveló cómo el recinto carcelario se transformó en un mercado negro bajo la complicidad de funcionarios públicos.

El modelo delictivo funcionaba mediante una estructura de tres niveles. Los denominados “jefes de manilla”, situados fuera de la cárcel, coordinaban el ingreso de productos ilegales y el acceso de migrantes irregulares que no poseían cédula de identidad para enrolarse. Estos eran apoyados por los “manilleros”, quienes ejecutaban el ingreso, y por gendarmes corruptos que facilitaban toda la operatividad del negocio.

“Menú” de drogas y transacciones vía celular

Un interno de Santiago 1, quien colaboró como informante encubierto del Ministerio Público, detalló la cotidianidad del tráfico. “En las mañanas llega un pelotazo con un papel que dice un número de teléfono y la droga que hay a la venta; uno agrega el número y conversa con ellos”, relató el 24 de julio.

El sistema operaba con la misma agilidad de una entrega de comida rápida. Si el recluso deseaba comprar sustancias, se le proporcionaba una cuenta bancaria para realizar una transferencia. Una vez confirmado el pago, llegaba un nuevo “pelotazo” —un objeto lanzado al interior— con la droga solicitada.

Los precios de la “feria” y la extorsión

El expediente judicial destaca el rol del cabo Fernando Uribe, quien actualmente se encuentra en prisión preventiva. El funcionario fue señalado como uno de los principales proveedores de productos básicos a precios de mercado negro. Algunos de los valores registrados en la indagatoria incluyen:

  • Arroz: $20.000
  • Fideos: $5.000
  • Salsa: $5.000
  • Paquete de 5 vienesas: $5.000
  • Un kilo de huachalomo: $50.000
  • Kit de sopaipillas, aceite, kétchup y mostaza: $50.000
  • “Tallarinatas” (dos carnes molidas y dos salsas): $50.000

El poder de Uribe no se limitaba a la venta, sino también a la extorsión. El informante encubierto declaró: “Uribe una vez me vio una prenda de ropa y me dijo que me la iba a quitar, yo le dije que por favor no, él me dijo que entonces le comprara la feria”. Para evitar perder sus pertenencias, el reo confesó haber pedido a un familiar una transferencia de $200.000, además de revelar que el mismo gendarme le solicitaba la compra de cocaína para su propio consumo.

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