Tsunamis por deshielo: el peligro latente tras el colapso en Alaska

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Un reciente estudio publicado en la revista Science ha encendido las alarmas sobre una consecuencia crítica del cambio climático: el deshielo de los glaciares está provocando deslizamientos de tierra masivos que, al caer al océano, generan tsunamis de proporciones devastadoras. El fenómeno quedó en evidencia el 10 de agosto de 2025 en el fiordo Tracy Arm, al sureste de Alaska, donde el colapso de una ladera montañosa desencadenó uno de los eventos oceánicos más extremos de la historia reciente.

Aquel día, a las 5:30 de la mañana, una masa rocosa en forma de cuña situada sobre el glaciar South Sawyer se desprendió. El material, compuesto por decenas de millones de metros cúbicos, impactó contra el mar, provocando una ola que escaló hasta los 481 metros por las paredes del fiordo. Según los registros, este evento es el segundo tsunami más alto documentado, superado solo por el desastre de Japón en 2011, y liberó una energía sísmica equivalente a un terremoto de magnitud 5,4.

¿Por qué el deshielo glaciario aumenta el riesgo de tsunamis?

El investigador de la Universidad de Calgary, Dan Shugar, es claro respecto a la tendencia global: “A medida que se calientan las regiones frías del planeta, está aumentando el riesgo de tsunamis, y urge desarrollar una mejor vigilancia ante estos fenómenos”. El estudio detalla que el retroceso y adelgazamiento del glaciar eliminó el soporte estructural de la ladera, volviéndola inestable y propensa a fallar.

La zona afectada, el Bosque Nacional Tongass, es un área de alto interés turístico, frecuentada por unos 20 cruceros diarios en temporada alta, además de kayaks y embarcaciones menores. De manera fortuita, el hecho de que el desastre ocurriera en la madrugada evitó víctimas fatales, ya que los turistas aún no se encontraban en el agua. Aun así, el impacto fue total: un grupo de kayakistas acampados en tierra relató cómo el agua alcanzó sus tiendas, arrastrando equipamiento completo.

Lecciones y vigilancia para el futuro

Los científicos, tras analizar datos satelitales, información sísmica y testimonios, descubrieron que el deslizamiento no fue un evento sin previo aviso. Existían señales sísmicas que revelaban inestabilidad horas antes del colapso, además de un fenómeno conocido como seiche, un “zumbido” u oscilación prolongada del agua que persistió por horas. Estos hallazgos son considerados vitales por Shugar para mejorar la detección temprana en zonas remotas.

“A medida que los glaciares retroceden, el permafrost se descongela y la actividad humana se intensifica en todo el Ártico y el Subártico, la probabilidad de estos fenómenos está aumentando, lo que subraya la urgente necesidad de mejorar la detección y la mitigación de riesgos”

Hoy, el escenario es de alerta constante. Al menos seis compañías de cruceros han modificado sus itinerarios en Alaska para el año 2026 ante la persistencia del peligro en el fiordo Tracy Arm. Mientras el Servicio Geológico de los Estados Unidos mantiene advertencias vigentes, surge la interrogante sobre qué tan preparados están los municipios costeros frente a una amenaza que, lejos de ser aislada, podría volverse una rutina climática en los polos.

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