La Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC), liderada por el grupo conservador Solidaridad, recientemente publicó una declaración en redes sociales rechazando el aborto y reafirmando su apoyo al «derecho a la vida desde el primer minuto». Esta postura generó una fuerte reacción dentro de la comunidad universitaria, con numerosas alumnas manifestándose frente a la Casa FEUC para expresar su indignación.
¿Puede una federación estudiantil utilizar su institucionalidad para imponer una visión particular sin el respaldo de su base? Este es el cuestionamiento central que surge a raíz de este incidente, que va más allá del contenido del mensaje y cuestiona la forma en que la FEUC, un órgano que representa a un estudiantado diverso, asumió una posición polarizante sin consultar ni considerar a su comunidad.
Más Allá del Debate Moral
Algunos podrían argumentar que se trata de un ejercicio legítimo de liderazgo, pero en un contexto como el chileno, donde el debate sobre el aborto sigue siendo crucial, esta acción requiere un análisis más profundo. Según el Ministerio de Salud, desde 2019 hasta junio de 2024, 4.553 mujeres accedieron a abortos legales bajo las tres causales. Sin embargo, se estima que anualmente se practican entre 30.000 y 150.000 abortos clandestinos.
«Estas cifras dejan en evidencia que, a pesar de los avances legislativos, muchas mujeres aún enfrentan embarazos no deseados sin acceso seguro a la interrupción del embarazo. La maternidad forzada y la clandestinidad del aborto representan una crisis de salud pública que no puede reducirse a un debate moral o ideológico.»
La postura de Solidaridad ignora este contexto, limitándose a hablar de la «protección de dos vidas» sin considerar las implicancias reales de la criminalización del aborto. Defender la vida no puede significar desconocer las dificultades de miles de mujeres, muchas de ellas en situaciones de extrema vulnerabilidad.
La Universidad como Espacio de Debate
En la misma publicación, la FEUC menciona el proyecto de ley de la Sala Cuna Universal, argumentando que «el niño debe ser protegido desde su primer minuto de vida». Sin embargo, la forma en que lo presenta resulta preocupante, ya que reduce al niño a un «objeto» de cuidado, sin considerar factores clave como la precarización de la labor docente ni las condiciones laborales de quienes trabajan en estos espacios.
Más allá de este caso, es imposible no notar la contradicción de Solidaridad. Durante el mandato de la Nueva Acción Universitaria (NAU), el mismo grupo que hoy lidera la FEUC criticaba con fuerza lo que consideraban una «imposición ideológica» por parte del oficialismo. Ahora, con el poder en sus manos, actúan de la misma manera que antes repudiaban.
La universidad debe ser un espacio de debate donde se escuchen todas las voces, no un lugar donde una visión única se imponga sobre el resto. Con su declaración, la FEUC no solo adopta una postura conservadora, sino que silencia la complejidad del aborto y las experiencias de quienes enfrentan embarazos no deseados.
La participación estudiantil en los debates nacionales es esencial, pero una federación debe representar a su comunidad en su diversidad, no imponer una ideología particular. Defender el derecho a la vida implica también respetar la dignidad, los derechos y las decisiones de las mujeres. En un espacio que debe fomentar el pensamiento crítico, la pluralidad de voces no puede ser ignorada.